Daniela Merino

“El tiempo que nos queda”

Daniela Merino, fotógrafa seleccionada en la categoría profesional nos cuenta un poco sobre su acercamiento a la fotografía y sobre cómo nace la idea de su proyecto; “El tiempo que nos queda”, trabajo que presentó a Foto Álbum.

DM: Cuando cumplí quince años mi abuelo me regaló una cámara de fotos análoga. La tengo hasta el día de hoy. Instintivamente empecé a tomar fotos de todo: de animales, de flores, de paisajes, hasta de puertas viejas, pero sin ningún conocimiento de exposición, ni de composición, ni de manejo de luz. Se volvió algo compulsivo, había algo en la sola imagen que me cautivaba, quizá el hecho de poder hacer tangible una memoria o el paso del tiempo. Más adelante pude tomar un curso de fotografía, afiné ciertos conocimientos y empecé a hacer fotos sencillas de mi familia: de mi madre, de mis abuelos, de mis primos. Estas fotos las imprimía en el cuarto oscuro. Me encantaba. Sin embargo, no fue sino hasta muchos años después que comencé a fotografiar a mi hermana con la idea de documentar su crecimiento, de acercarme más a ella y de construir juntas un espacio que fuera solo nuestro.


A través de la fotografía he buscado acercarme a una hermana con la que nunca he vivido, pero que siempre quise tener cerca. Mi cámara siempre fue un punto de encuentro entre nosotras, la mejor excusa para vernos y estar juntas. La fotografía ha sido una manera de acercarme a sus juegos de niña y a su inagotable energía, pero también ha sido, simplemente, la presencia contemplativa de sus gestos y sus emociones más íntimas.




FA: Cuéntanos, ¿cuáles fueron los retos con los que te encontraste al realizar el proyecto y cuánto tiempo te ha tomado desarrollarlo?

DM: Voy muchos años fotografiando a mi hermana, un poco más de diez años. Esta es la clase de proyecto que necesita el paso del tiempo para asegurar su fuerza y consistencia. Uno de los retos a los que me tuve que enfrentar fue su cambio de actitud en su transición de la infancia a la adolescencia. Mientras en la infancia la fotografía era en un juego muy entretenido para ella, en la adolescencia se convirtió en una tarea insufrible. Era muy difícil conseguir que trabajáramos juntas, nunca quería hacerlo, o me daba 5 minutos para hacerle un retrato que años atrás nos tomaría dos horas. De alguna manera yo lograba trabajar con ella, pero había mucha resistencia de su parte. Esto dificultaba muchísimo mi trabajo. 
Nuevamente, ya al salir de la adolescencia, mi hermana ha vuelto a involucrarse en el proyecto, ya no desde el juego, como cuando era niña, sino desde su propia adultez, lo cual también implica nuevos retos para mí, pues no es lo mismo fotografiarla a los veintiún años que a los ocho.




FA: De acuerdo a lo que nos mencionas sobre tu proceso, cuéntanos: ¿Cómo ves la fotografía documental en el Ecuador?

DM: La fotografía documental ha crecido mucho en el Ecuador durante los últimos años. Es más común ver ahora proyectos a largo plazo y con miradas más potentes y más desarrolladas de lo que se veía antes (quizá diez años atrás). Esto es fundamental para crear un proyecto documental profundo. Sin embargo, es importante comenzar a crear un registro sólido de lo que ha sido la historia de la fotografía en el Ecuador y también como está desarrollándose hoy en día. Hay mucha creación, pero falta la consistencia en archivar esos trabajos.





FA: Cuéntanos acerca de nuevos proyectos que tengas en mente u otros proyectos que hayas realizado en tu trayectoria

DM: Para mi tesis de maestría hice un cortometraje que se llama “El Retrato.” Es de corte experimental, y trata sobre lo que significa el acto de fotografiar y lo que implica hacer el retrato “perfecto” de una persona. Se trata de una exploración poética y meditativa sobre esta forma de arte, lo que se intenta capturar y el significado que tiene para el fotógrafo. Para la película tuve que hacer muchos retratos como parte de esta reflexión y utilicé esa información para construir el guion de la cinta.

Mi proyecto actual trata sobre una serie de fotografías sobre el lugar donde crecí. Este lugar fue la residencia de mis abuelos durante treinta años -está abandonada desde hace ocho años- consta de una casa grande y de un enorme jardín que fue muy bien cuidado por mi abuela. Muy pronto el lugar será demolido para la construcción de un Centro Comercial. Aquí están muchos recuerdos de mi infancia y mi adolescencia, lo cual transforma a la fotografía en una herramienta de exploración para consolidar la memoria y la identidad personal.