Isadora Romero

“Polvo de estrellas”

Isadora Romero, fotógrafa seleccionada en la categoría de profesional, actualmente está exponiendo “Polvo de estrellas”, en México en el marco de la exposición “AfricAmericanos” en el Centro de la Imagen de la Ciudad de México, muestra que estará hasta noviembre del 2018.

Polvo de Estrellas fue realizado entre 2015 y 2016 en Mascarilla, un pequeño pueblo ubicado en el Valle del Chota en Ecuador, Sudamérica. Contiene imágenes que reinterpretan la herencia intangible de la comunidad Afroecuatoriana de la sierra. Es una narración visual que representa la vida diaria de su gente a través de símbolos extraídos de las historias narradas oralmente por los habitantes de la zona. Este proyecto habla de la simbiosis entre las tradiciones con el presente mixturado con influencias contemporáneas. Es una celebración del espacio imaginario de un pueblo que sueña, como cualquier
otro.


“En Mascarilla, Valle del Chota, Ecuador, el paisaje se torna rocoso, lunar, galáctico.

Se forman ingrávidos huracanes que llevan mensajes y murmullos de historias nuevas y antiguas.

Leyendas que cuentan las abuelas, que se han transmitido con música y voz desde siempre, desde que el lugar se conocía como el valle de sangre y muerte, desde que los antepasados llegaron dejando su lejana África. Historias que explican el mundo, el amor y la muerte, que infunden temor y narran tradiciones ocultas.

Son las mujeres quienes anónimamente mantienen el pueblo a flote. Ellas engendran las estrellas y las cuidan.

Por las noches, las esferas estelares se esconden y flotan. Si alguien se encuentra con una de ellas, perderá su forma humana para siempre. Se transformará en el polvo del que todos somos parte, el polvo de estrellas.”




FA: Cuéntanos ¿cómo fue tu acercamiento a la fotografía y cómo nace Polvo de estrellas, cuales fueron los retos que encontraste en el camino al desarrollar este proyecto?

IR: De pequeña sabía que quería contar historias. Al salir del colegio decidí estudiar cine que era lo que más me gustaba y a la par hice un curso de fotografía fija que asumí me ayudaría con el cine. Luego de trabajar un poco en audiovisual y concluir el curso de foto entendí que la imagen era el lenguaje que quería usar para contar historias. Luego estudie fotografía en Argentina y al regresar al Ecuador, luego de experimentar mucho en tierras lejanas, decidí buscar mi propia voz. Así llegué a crear “Polvo de Estrellas”.


Yo venía de la ficción, de la fotografía de moda y de planificar todo con antelación y hacer precarios bocetos a partir de mis ideas . Para este proyecto decidí soltarme. Llegué al Valle del Chota fascinada con la música, sus raíces e influencias, también llegué recordando a una gran amiga-madre que era de Mira. Una vez ahí me dejé llevar por lo que me conmovía y llamaba la atención sin saber que buscaba en concreto.
Al volver del primer viaje encontré muchas estrellas en las imágenes y decidí que guiarían el camino.
Luego tuve la fortuna de conocer a gente de Mascarilla, un pequeño pueblo que no aparece en los mapa. Allí hice amistades, especialmente con las mujeres. Me adentré a los conocimientos ancestrales y a la importancia de la oralidad para el pueblo afro que fue esclavizado en el Ecuador. Luego me contaron sobre una leyenda de una estrella que flota por las noches, y evita que los niños corran los peligros de la oscuridad. Entonces este
símbolo quedó claro, y el tono de la historia también. La conjunción de esos hallazgos fortuitos con ciertas planificaciones previas, marcaron la voz que quiero y busco ahora en la fotografía.


El reto principal fue calmar la angustia de no tener un plan claro ni una historia clara que contar en el principio. Asumir esa decisión me costó mucho y hasta la última visita seguí pensando que nada valía la pena a excepción de los momentos compartidos con la gente del pueblo. Construir entonces una narrativa que juega más con lo interpretativo que con lo explícito, con lo sensorial y mágico que con lo meramente documental. Ha sido un proceso largo pero tremendamente gratificante. El proyecto lo comencé en 2015 y la última visita la hice en 2017, han sido 3 años de pensar en el proyecto e irnos descubriendo.



FA: ¿Cómo ves la fotografía documental en el Ecuador?

Veo algunas contradicciones en la fotografía documental y artística en Ecuador. Por un lado pienso que estamos en un momento clave en donde empiezan a surgir nuevos intereses en torno a las historias que contamos, una sed maravillosa por explorar, qué narrar y cómo contarlo. También siento que hay una mirada más critica hacia la auto-representación lo cual es muy bueno. Honestamente, pensé que la era de las aplicaciones donde se consume Fast-images, algo así como el Fast-food, traerían consigo una generación de repetidores de clichés. Pero estoy sorprendida con las nuevas generaciones empezando a buscar historias importantes y haciéndolo con miradas propias y frescas. Cada vez se llega a más lugares y se narra con poder, fuerza e identidad. Pero por otro lado, veo que el consumo de esas historias es tremendamente limitado en el país. Hay de parte del público un acercamiento muy superficial a las imágenes y las historias y eso se debe al poco o nulo consumo de cultura que existe en el país en general. Hay una limitación frustrante sobre donde publicar o exhibir las historias para que lleguen a una audiencia más amplia. Los narradores actuales no podemos embarcarnos en proyectos de largo aliento sin que eso signifique un sacrificio económico que nuca se verá recuperado y eso limita por supuesto la cantidad y calidad de las historias que se cuentan. Aunque no debería ser nuestra obligación, creo que en este momento, además de creadores y narradores, nos toca ampliar nuestro quehacer a la generación de espacios de difusión o capacitación.



FA: ¿Nos quieres contar acerca de nuevos proyectos que tengas en mente u otros proyectos que hayas realizado en tu trayectoria?

Tengo el honor y la dicha de haber sido invitada a exponer y dar una charla durante el festival “El Ojo Salvaje” que se llevará a cabo en Paraguay a mediados de septiembre. Es una oportunidad maravillosa porque el festival lleva varios años realizándose, siempre con miradas muy inspiradoras. Pero también es importante porque no conozco Paraguay y pienso que en la propia Latinoamérica se habla muy poco de lo que pasa ahí. Así que he estado trabajando e investigando estos días sobre un proyecto que quiero desarrollar allá con mujeres. Es todo lo que comentaré por ahora.