Johis Alarcón

“Ghetto Dreamers”

Es un proyecto sobre personas privadas de libertad, familiares y amigos. Generalmente las cárceles están ubicadas en zonas apartadas, lejos del centro de la ciudad. Para la familia, la distancia se presenta como fuerte obstáculo en términos de tiempo y de dinero, lo que reduce los contactos entre las personas encarceladas y sus familias. Este régimen junto a condiciones sociales y económicas desfavorables; y políticas extremas de aislamiento como la prohibición de ingreso de cartas, fotografías, restricción de llamadas, visitas y revisiones extremas para el ingreso; crean un ambiente hostil y emocionalmente frágil donde tanto presos como familiares sufren la condena sin una rehabilitación y reinserción social.


JA: Mi acercamiento a la fotografía en general fue desde muy pequeña, siempre me ha gustado el arte, la pintura y el teatro en especial. Cuando estudié diseño gráfico me dieron la materia de fotografía, desde el primer día me enamoré por completo de la fotografía, y decidí dedicarle la vida a esta profesión.

“Ghetto Dreamers”, es un proyecto que empezó en el 2014 en el Centro de Detención Juvenil Virgilio Guerrero, donde realizamos el proyecto “Liberarte” un programa cultural penitenciario realizado por varias organizaciones juveniles como Nina Shunku, 820 Producciones, Zulu Nation, Sarta Indígena, entre otros.  Se abrieron talleres de rap, circo, grafiti y muralismo con personas  privadas de libertad. El arte siempre ha sido una potente herramienta para trabajar con poblaciones en situación de riesgo o vulnerabilidad, es una forma de acercarte a otras realidades y ser parte de ellas. Las historias que conocí allí me abrieron un mundo que la mayoría evade, “la cárcel”. Desde ese entonces junto con Liberarte he podido continuar el proyecto en diferentes Centros de Rehabilitación y fuera de los mismos, con familiares de personas presas que junto a ellos viven una eterna condena.



FA: ¿Cuáles fueron los retos con los que te encontraste al realizar el proyecto y cuánto tiempo te ha tomado desarrollarlo?

JA: El principal reto para mi ha sido la injusticia, la burocracia, la corrupción, la discriminación y la muerte. Este proyecto me ha hecho palpar de muy cerca un sistema penitenciario caduco, en el que la “rehabilitación” no es una práctica sino una palabra vacía y donde las personas son solo números y estadísticas tras las rejas con derecho a dos horas de sol a la semana. En cada visita los familiares esperan en largas filas bajo la lluvia de la tarde, el calor del medio día o el frío de la madrugada,  para poder ver a sus hijos, madres, padres, hermanos y primos que pasan los días en bloques de cemento.

La cárcel es un círculo infinito, donde conviven las pandillas, las drogas, el dinero, la violencia que desde todas sus estructuras de poder se hace presente y donde la muerte es la consecuencia final; cada día la familia espera una llamada clandestina desde “el otro lado”, que alivie su mente y sus corazones, que les de la certeza de un día más de vida y uno menos de condena. Según el Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos en Ecuador en el 2009 habían 11.279 personas en prisión, en la actualidad hay 36 mil personas privadas de la libertad y cada mes se suma un promedio de 400. Como persona y fotógrafa mi principal reto es alejarme de la estigmatización, dejar de ver “criminales” y entender realidades y condiciones humanas que quizás nunca imaginé enfrentar. Muchas veces he visto fotos de las cárceles, de miles de personas en condiciones precarias y espacios pequeños. Quiero contar esta historia mas allá de las rejas, porque sé que la cárcel encierra a barrios y comunidades, que hay personas que nacen y mueren presos, familias a la deriva buscando medios para pagar economatos (pagos por derecho a comida), colchones, y transporte para la visita; y sobre todo mujeres y niños expuestas a requisas invasivas, y abandono.



FA: De acuerdo a lo que nos mencionas sobre tu proceso, cuéntanos: ¿Cómo ves la fotografía documental en el Ecuador?

JA: Sobre la fotografía documental en Ecuador; creo que no solo ha crecido sino que se ha potenciado radicalmente. Los fotógrafos y fotógrafas Ecuatorianas sorprenden cada día, nunca dejan de crear y creer en lo que hacen. Las miradas son originales y frescas, están muy involucrados con sus temas y propuestas. Además de trabajos personales, los espacios de educación y debate sobre la fotografía documental son cada vez más amplios y brindan más oportunidades de aprendizaje; hay espacios de exposición, premios y convocatorias nacionales y formas de conectarte con la escena internacional. Es un orgullo que compañeras y compañeros ganen becas en países europeos, que sus obras sean publicadas en grandes festivales, pero sobre todo, para mí, lo más importante es saber que la fotografía documental ecuatoriana está conformada por una gran y diversa familia de colegas, dispuestos a escucharte y ver tus fotos, que la horizontalidad el trabajo colectivo y la autogestión son bases fuertes que abren caminos y generan miradas e historias tan necesarias de ser contadas.



FA: Coméntanos sobre de nuevos proyectos que tengas en mente u otros proyectos que hayas realizado en tu trayectoria

JA: Actualmente estoy trabajando en un proyecto llamado “Cimarrona”, que plantea la documentación de las prácticas ancestrales y espirituales afro descendientes en Ecuador como instrumento de memoria, resistencia y libertad de la población negra.

Me centré en las mujeres como líderes que guardan el espíritu de sus ancestros, y que sostienen con el sonido del tambor, la bomba, la marimba, los cantos, la noche y la danza un cordón que conecta al pueblo negro con su mamá África de la nunca quisieron salir y a donde siempre quieren volver.